LA EUCARISTÍA, ALIMENTO DURANTE EL VIAJE

teEn la Eucaristía celebramos el camino de Jesús, que nos lleva consigo, que nos muestra cómo llegar al Padre. Un camino común a toda vida humana. Tras el saludo y la señal de la cruz, nos presentamos ante Dios tal como somos... con lo que nos salió bien y lo que nos salió mal y contemplamos nuestra realidad y nuestras divisiones. En las lecturas y el Evangelio, Dios mismo nos dice quienes somos, cuál es el misterio de nuestra vida y cuán valiosos somos a sus ojos. Las imágenes de la Biblia nos posibilitan encontrarnos con nuestros propios dolores y enfermedades, con nuestras faltas de amor, nuestros odios y abandonos y nos animan a vivir a la Luz de ésta Palabra el misterio que es la vida del ser humano... Dios se expresa en mí. Seguir a Jesús parece que supera nuestras fuerzas, pero el habló para todos. Las suyas son palabras de vida que nos ayudan a recorrer el camino de la vida y a recordar que no tenemos nuestro hogar definitivo en esta tierra, sino que somos "ciudadanos del cielo", como dice Pablo. Cuando recordamos la muerte de Jesús en la cruz, recordamos nuestras propias cruces... las personas con las que no estamos de acuerdo, las frustraciones, la enfermedad, los accidentes... todo lo que nos crucifica y nos puede conducir a la vida verdadera. Las ofrecemos para que sean transformadas, recreadas, impregnadas por el Espíritu de Dios en pan de vida y bebida de salvación. Si Dios está conmigo, puedo aceptar mi vida, mi cuerpo, mis lados oscuros; puedo estar de acuerdo con mi pasado y con mi destino, con mis debilidades y con la situación en la que me encuentro hoy. Soy partícipe de la Resurrección, que transforma el sufrimiento y que libera de las ataduras de la muerte. El Espíritu de Jesús, nos recrea nuevamente. La alegría de saber que Jesús nos acepta como somos, que quiere ser uno con nosotros, nos anima a dar testimonio y a ayudar a otros, a sacar el "niño bueno" que llevamos dentro. "YO SOY LA VERDADERA VID Y MI PADRE EL VIÑADOR. ÉL CORTA TODOS LOS SARMIENTOS QUE NO DAN FRUTO; AL QUE DA FRUTO LO PODA PARA QUE DÉ MÁS TODAVÍA. USTEDES YA ESTÁN LIMPIOS POR LA PALABRA QUE YO LES ANUNCIÉ. PERMANEZCAN EN MÍ, COMO YO PERMANEZCO A USTEDES. ASÍ COMO EL SARMIENTO NO PUEDE DAR FRUTO SI NO PERMANECE EN LA VID, TAMPOCO USTEDES, SI NO PERMANECEN EN MÍ. YO SOY LA VID, USTEDES LOS SARMIENTOS. EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL, DA MUCHO FRUTO, PORQUE SEPARADOS DE MÍ, NADA PUEDEN HACER. PERO EL QUE NO PERMANECE EN MÍ, ES COMO EL SARMIENTO QUE SE TIRA Y SE SECA; DESPUÉS SE RECOGE Y SE TIRA AL FUEGO Y ARDE. SI USTEDES PERMANECEN EN MÍ Y MIS PALABRAS PERMANECEN EN USTEDES, PIDAN LO QUE QUIERAN Y LO OBTENDRÁN". Jn 15, 1-7 Permanezcan en Mí, como yo permanezco en ustedes... la presencia de Dios se experimenta en nuestro interior, en la armonía de los sentimientos y los pensamientos, en la paz y tranquilidad, donde los conflictos se disuelven y las contradicciones se disipan. Dios se hace presente en mi paz interior, y esta paz es un don gratuito de Dios, una paz que no es de este mundo. Extraído del libro “Aceptando la realidad” Padre Elías Cavero Domínguez Ediciones Alégrate
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